Muchos pensarán en un gato como una simple mascota. La mía fue mi compañero, fue el testigo de un crecimiento compartido.
Felipe, cuyo nombre fue puesto haciendo referencia a un príncipe, por sus modales, por su porte y por sus exquisiteces a la hora de comer, entró a mi vida cuando yo apenas empezaba mis días independientes. Juntos recibimos la primera heladera, el lavarropas, la cocina! El cuidaba de mi todas las noches envolviéndose como un rollito bajo mi brazo, y analizaba a cada persona que se atrevía a entrar al departamento.
Con él descubrí a sacar fotografías, a mirar, y fue mi modelo sumiso durante mucho tiempo. Me hizo creer que aprendía todas las órdenes que le daba, aunque la pereza de gato hizo que las dejara de lado tiempo más tarde.
Tratamos de viajar, pero me demostró que a veces es mejor estar en casa tranquilo. Me soportó a través de ilusiones, desencantos, conquistas y desafíos. Me acuerdo de ese 17 de enero cuando recibimos juntos la desaparición de Gustavo. Y fue él el que me llamaba esa mañana en apareció aquella misteriosa flor blanca en el balcón.
Si hasta se dormía conmigo cuando los turnos en el canal me hacían volver a horas impensadas…Así era él, esquivo y distante en apariencia, caprichoso al extremo de no comer durante una semana algún alimento de gusto particular.
Hoy te despido, amigo y compañero. Y te digo hasta pronto, con el cariño de un padre con la esperanza del hermano…
Te quiero mucho, Feli...




































































































